domingo, 21 de enero de 2018

A la carga con las vacunas (II): Instrucción de combate.

Volvemos al escabroso mundo de la inmunidad adquirida. Ya vimos en el artículo anterior cómo funciona la inmunidad adquirida. Resumiendo mucho, las células T reconocen un antígeno y activan a células efectoras que reconocen ese mismo antígeno para atacarlo. Da igual si el antígeno está en células propias o en elementos ajenos, la orden es la misma: neutralizar la amenaza. Son las células TH las que coordinan todo el ataque, eso sí, con la ayuda de las células presentadoras de antígenos, que son las que avisan de qué y cómo está actuando.

Pero esto plantea un nuevo problema. Dependiendo de qué y cómo actúe, incluso de dónde, el sistema inmunitario debe plantear una estrategia distinta para eliminar al invasor. Así que no vale cualquier forma de hacer las cosas. Por eso existen distintos tipos de vacunas. Vamos a verlas.

Entrenamiento de combate. 

En el Muro, todos tienen que aprender y potenciar sus habilidades. No vale lo mismo Jon Nieve blandiendo a garra que tirando con arco o con un hacha a dos manos. Probablemente, tampoco valga lo mismo Eddison Tollet, alias Edd 'el Penas', como Lord Comandante que como agorero. Por eso no vale cualquier vacuna ni de cualquier forma para combatir un patógeno. Las tropas que combaten cada patógeno tampoco son las mismas. Por ejemplo, las células B se enfrentan a patógenos capaces de producir grandes cantidades de antígenos, como bacterias y virus, usando distintos tipos de anticuerpos. Las células Tc lo harán atacando directamente a células infectadas, matándolas con linfotoxina (una proteína letal para las células). 

Dicho esto, os podéis dar cuenta de lo importante que es identificar correctamente al invasor antes de atacarlo o evaluar si un compañero de armas tiene salvación o no antes de concederle la suma gracia. El entrenamiento es, pues, una parte muy importante dentro del desarrollo de la inmunidad por vacunación.Y, como decimos, no vale cualquier arma contra cualquier enemigo. Hay que entrenar a los reclutas en el uso de las mismas y al conjunto del ejército para coordinarse. Y para eso hay varios tipos de entrenamiento.

Especialización: tipos de vacunas

Entrenamiento de combate hay muchos: combate simulado, objetivos ficticios, entrenamientos tácticos... Y cada uno sirve para un tipo de enemigo. Evidentemente, no sirve lo mismo contra los caminantes blancos que contra los salvajes o los Lannister. Aunque lo mejor sea siempre tener un dragón, no siempre lo tendrás a mano...

Conjugadas

Mance Rayder, líder de los salvajes, con Jon Nieve, infiltrado
de la Guardia de la Noche. Fuente.
Este tipo de vacunas podría considerarse el servicio secreto de nuestros instructores de combate. Se infiltran entre las filas enemigas para conseguir información, luego la ceden al ejército, y este se encargará de atacar cuando toque. ¿Os acordáis cuando Jon Nieve pasó tiempo entre las filas de las huestes de Mance Rayder? El bastardo de Invernalia pasó tiempo entre los salvajes recabando información sobre la composición de las tropas, movimiento, suministros... cualquier cosa que pudiera servir para vencer al enorme ejército de la gente de Más Allá del Muro. Pues se podría decir que las vacunas conjugadas son de este tipo.

Las vacunas conjugadas se utilizan contra patógenos que no desatan una reacción inmunitaria potente. Algunas bacterias, por ejemplo, tienen una envuelta de azúcares que impide su reconocimiento correcto por parte de las células del sistema inmunitario. Para poder reconocerlas, se conjugan (esto es, se unen) dichos azúcares a antígenos que sí son reconocibles, de forma que el procesamiento de dicho antígeno provoque la exposición de la cubierta de azúcares para ser reconocida por las fuerzas del orden. 

Subunidades

Blasones de diez de las casas de Poniente. Composición propia
basada en los blasones de la serie Juego de Tronos.
Los maestres son capaces de enseñar a sus pupilos los estandartes de las distintas casas de Poniente. O cómo son los capitanes de los salvajes de Más Allá del Muro, para reconocerlos a ellos y su forma de atacar (no son lo mismo los thennitas que los gigantes o los hombres de Casaca de Matraca). Reconocer las enseñas y las señales que los identifican ya sirve para tener una idea de quién viene, con qué fuerzas cuenta y en qué elemento se siente más a gusto (pocos se atreverían a enfrentarse a los Greyjoy en el mar siendo expertos piratas pero los Lannister no han demostrado destreza naval). Así, en ocasiones, no es necesario tener toooodo el patógeno completo, sino que basta con una parte del mismo que pueda identificarlo. 

En realidad, las vacunas de subunidades se asemejan a capturar a un enemigo para poder sacarle la información. Las vacunas de subunidades se basan en esto. Actualmente, con la tecnología de la que disponemos, podemos usar el genoma de un patógeno, localizar el gen de un antígeno concreto, introducirlo en una levadura o bacteria y "obligarla" a producir dicho antígeno en grandes cantidades. Ese antígeno se puede purificar y administrar como vacuna para que el sistema inmunitario se lo "aprenda" y esté preparado cuando llegue un patógeno que porte ese antígeno.

Toxoides

Todos los ejércitos enemigos son capaces de producir armamento. Mejor o peor. Y una parte básica del entrenamiento de combate consiste en desarmar al enemigo, aunque no se causen bajas. Me váis a permitir que aquí me salga de la ambientación de Juego de Tronos y me acuerde de mis queridos zapadores del ejército de Malaz, los Abrasapuentes. Expertos en operaciones encubiertas para reducir
los recursos ofensivos del enemigo, identificaban posiciones estratégicas, puntos imprescindibles para el enemigo y los destruían o inutilizaban.

Tormund Matagigantes escalando el Muro con sus hombres.
Fuente.
Algunos microorganismos, como el Corynebacterium diphteriae (que es la bacteria que produce la difteria) o el Clostridium tetanii (la que produce el tétanos) producen toxoides. Estos son compuestos tóxicos que son los responsables directos de la enfermedad, no las bacterias en sí. En estos casos, se puede crear inmunidad frente al propio toxoide, eliminando aquello que hace el daño, aunque no se elimine a lo que lo produce. Aquí es donde entran nuestros zapadores. Si volvemos al mundo de Poniente, tendremos que acordarnos claramente de la escena en que los hombres de la Guardia de la Noche destruyen parte del Muro para evitar que los Salvajes trepen por él. Y es que la defensa de la plaza a veces incluye estas cosas...

Atenuadas

Capturar a un enemigo también es una forma de saber a qué nos enfrentamos. En el Muro, pocas veces se puede capturar a uno de los Salvajes, porque la altura de la estructura y la distancia entre esta y el cobijo de la foresta que hay Más Allá son demasiado grandes como para intentar bajar y coger prisionero a alguien. Pero a veces hay algunos que son más intrépidos que otros y logran atravesar las puertas del Muro. A estos, aun llenos de rencor y odio, se les puede utilizar para saber qué, cuántos y cómo vienen en el ejército invasor. Vamos, que acaban cooperando con nosotros para vencer a sus propias huestes.

Tormund, Wun Wun, Jon Nieve y Edd Tollet, 'El penas'. Salvajes
y Guardias de la Noche, cooperando. Fuente.
Teniendo en cuenta que, como seres humanos, hemos sido capaces de aislar los patógenos que producen muchas enfermedades, incluyendo virus y bacterias. Y se pueden utilizar para producir vacunas. Las vacunas atenuadas contienen los mismos patógenos que producen una enfermedad concreta, pero incapaces de producirla. No, no me refiero a muertos ni inactivados, sino incapaces de producir la enfermedad. El patógeno en cuestión sigue íntegro, vivo (si hablamos de una bacteria, claro; los virus son más confusos en esto de estar "vivos"), pero no es capaz de infectar a su hospedador. De esta manera, el sistema inmunitario es capaz de verlo, procesarlo, reconocerlo y guardar memoria por si en algún momento tuviera que enfrentarse al mismo patógeno, pero en su plenitud infectiva. Pero esto suscita una pregunta... ¿cómo, en el nombre de los testículos del Minotauro, se consigue esto?

Pues se consigue mediante "pases". Sí, pases. ¿Sabéis eso de que hay algunas vacunas que no se pueden poner si eres alérgico al huevo? Pues bien, eso es porque una forma de hacer pases para estos patógenos es en huevos embrionados. Entendedlo bien, no es el paso por un huevo embrionado lo que atenúa el patógeno, sino más bien un uso que hacemos de la teoría evolutiva para ello. A ver si puedo explicarlo de forma fácil. El patógeno en cuestión se pone en contacto con un tejido (en un huevo embrionado es fácil porque se consiguen fáciles, pero vale cualquier tejido que el patógeno pueda infectar) y se espera a que el patógeno infecte las células de ése tejido. Se recoge el patógeno que haya podido infectar esas células y se vuelve a poner en contacto con el mismo tipo de tejido. Y este proceso se repite hasta que la tasa de infección sea lo suficientemente alta. Entonces es cuando el patógeno se pone en contacto con células del hospedador original (en este caso, nosotros). Tendremos nuestra vacuna cuando este patógeno que ha "pasado" varias veces por tejido de un hospedador ajeno sea incapaz de entrar en las células del ser humano o sea muy poco infectivo. Es decir, hemos seleccionado un patógeno que es igual que el original pero que se ha adaptado tanto a su nuevo hospedador que ha perdido su "interés" por infectarnos a nosotros. Sus antígenos serán iguales a los del patógeno original y por eso nuestro sistema inmunitario podrá responder cuando llegue el virus o bacteria original, que no ha sufrido esos pases que mencionábamos antes, y que sigue teniendo el mismo interés en reproducirse a nuestra costa.

Inactivadas

Registrar el campo de batalla una vez librada la misma, se haya vencido o no, nos puede dar mucha información acerca del enemigo. Se puede saber qué armas y pertrechos usan, sus materiales, incluso estimar el número de arqueros, hombres a caballo y hombres a pie de nuestro oponente por los caídos tras el enfrentamiento, para estar preparados ante un eventual regreso.

Algo similar es lo que hacemos con las vacunas inactivadas o muertas. Se trata de administrar al paciente el mismo patógeno que provoca la enfermedad pero muerto o inactivado. Esto se consigue tratando al microorganismo con algún agente químico o físico que lo mate. Ejemplos de estos métodos son el formaldehído, el calor o la radiación, que son capaces de atacar la integridad estructural del patógeno y acabar con ellos. Pero esto tiene un problema, que estoy seguro que ya habéis identificado vosotros. Si se elimina la integridad estructural del patógeno, ¿cómo va a hacer el sistema inmunitario para reconocerlo y atacarlo en un futuro?

Hemos hablado mucho en el blog sobre cómo se genera inmunidad frente a un patógeno. Mucho. Muchísimo. Así que ya deberíamos tener todos claro que para que se genere dicha inmunidad debemos tener un antígeno que pueda ser procesado por el sistema inmunitario. Si los destruimos al inactivar a nuestro patógeno, dichos antígenos no generarán una respuesta inmunitaria correcta. ¿Cómo corregimos el problema? Pues también hemos hallado una solución a esto. Una solución que resulta polémica y que les da a los antivacunas pie a muchas críticas de las que hacen. Son los adyuvantes, sustancias que potencian la capacidad de un antígeno de generar una respuesta inmunitaria.

Adivinad de qué hablaremos en el próximo capítulo.

lunes, 15 de enero de 2018

A la carga con las vacunas (I): Inmunidad adquirida y tipos celulares

Diseño "Vaccines work" de mi tienda en
latostadora.com
Es agradable volver después de tanto tiempo. Lo digo en serio. Me vais a disculpar mi ausencia, mi dilatada ausencia. Pero ha sido por un bueno motivo. Hoy vuelvo a escribir, a medias obligado por mi cambio de vida, a medias por recuperar el gusto a esto de la divulgación. También lo hago a la luz de las declaraciones acerca del tema de la vacunación por parte de algunos individuos que hemos tenido que soportar en los medios de comunicación durante los últimos meses. Todos sabéis de quién hablo y no merece que se le mencione más. El caso es que ha logrado que su voz llegue y cale en ciertos sectores de la población y es algo que no podemos permitir. Es más, crea un miedo que es infundado y que no tiene sentido alguno.

Por eso hoy me meto en este charco que es explicar qué es y cómo funciona una vacuna. Mucha gente sabe que es algo que protege frente a un patógeno. Pero, ¿cómo lo hace? ¿Cómo actúa? ¿Cómo nos defiende frente a esa agresión externa? Pues para empezar a entenderlo, tenemos que hablar de lo que es la inmunidad adquirida. Ya os hablé de ella brevemente en otro capítulo del blog. Así que vamos a recuperarla y a definirla de mejor forma y con mayor profundidad. No os preocupéis, intentaré hacerlo lo más sencillo posible.

El sistema inmunitario, combatiente de élite

A algunos quizá esto os suene un poco exagerado, pero la realidad es la realidad. Y la realidad es que nuestro sistema inmunitario es un ejército con soldados altamente especializados en la lucha contra los patógenos. Ya os mostré las armas que usa en un monográfico dedicado a los anticuerpos que fue un exitazo de difusión y lectura. 

Pero las armas no bastan para defenderse si no hay nadie que las maneje como se debe. Un mandoble colgado en una panoplia sobre la chimenea puede quedar muy bien, pero apenas será útil cuando una horda de bárbaros sedientos de sangre rompa las cristaleras y mate a tu cerveza, se beba a tu mujer y viole a tus vacas. Y además te dejará confundido. 

Usar los anticuerpos es innato a las células del sistema inmunitario, es verdad, pero antes de poder usarlos, de poder producirlos si hablamos con mayor propiedad, dichas células han de ser entrenadas duramente para poder reconocer a los enemigos. ¿Os imagináis que en lugar de ser una horda de bárbaros sedientos de sangre quien entra en vuestra casa por la cristalera es vuestro hermano que viene borracho y de farra y vosotros os lo cepilláis con vuestro mandoble? No es plan, claro.

Pues ni más ni menos que esto es lo que es la inmunidad adquirida: el entrenamiento de las células especializadas del sistema inmunitario para convertirlas en verdaderos soldados de élite capaces de neutralizar una grave amenaza gracias a su capacidad para usar las armas de las que la evolución les ha dotado. Empecemos.

Los sufridos soldados: células T y células B

Siguiendo con nuestro símil, podemos considerar a las células T y B, también llamadas linfocitos, como nuestros sufridos reclutas. Niños del verano, que dirían en el Muro. Llegan bisoños, apenas entrenados para reconocer los antígenos propios de los ajenos y no atacarnos a nosotros mismos (los problemas de autoinmunidad los dejaremos igual para otro artículo en cualquier otro momento).

Los linfocitos son una población especial de glóbulos blancos: entre 2 y 4 de cada 10 glóbulos blancos pertenecen a esta clase de células. Se calcula que, en masa, el número total de los linfocitos del organismo podrían pesar tanto como el cerebro o el hígado. Y de ellos, sólo el 2% circula en sangre. El resto se distribuye infiltrándose en distintos tejidos o en el sistema linfático, tanto en los vasos como en los órganos linfoides (bazo, timo y ganglios linfoides).

Ambos tipos celulares tienen distintas funciones dentro de la inmunidad adquirida. Las células T se encargan de la inmunidad celular, porque desencadenan respuestas celulares, y las células B se encargan de la inmunidad humoral, porque desencadenan respuestas mediadas por moléculas. De la inmunidad humoral ya hemos hablado mucho en este blog: son los anticuerpos. Pero ambas están muy relacionadas. De hecho, la inmunidad humoral está desencadenada por la celular en muchos casos.

Si pensáis que estos dos tipos celulares pueden distinguirse a simple vista estáis equivocados.

Células T

Benjen Stark, explorador de la Guardia de la Noche. Una célula
T con todas las de la ley. Fuente.
Las células T constituyen las fuerzas de choque en todo este asunto de la inmunidad adquirida. Se denominan células T porque maduran en el timo (ya os lo he dicho alguna vez: los científicos somos así de simples). Aunque también es cierto que parte de los linfocitos T maduran en las amígdalas (que en inglés se dice tonsils, así que no hace falta cambiarles la letra). 

Los linfocitos T se distinguen de los B porque presentan en su superficie un receptor llamado (preparaos, otro nombre rimbombantemente complejo) receptor de células T (os lo advertí). Las células T se dividen en varios subtipos dependiendo de las funciones que vayan a desempeñar. Y, de nuevo, se distinguen por moléculas que expresan en su superficie. Por ejemplo, los linfocitos T con la molécula CD4 en su superficie se denominan células T adyuvanteslinfocitos T cooperadores o, simplemente, se mantiene su denominación inglesa y se las llama células TH (por helper, ayudante en inglés). Otros linfocitos T, en lugar de la CD4, poseen la molécula CD8. Estos se denominan linfocitos T citotóxicos células Tc. Existen además otros tipos minoritarios de células T, como los linfocitos T memoria, los linfocitos T natural killer (ojo: no son células NK, son células T NK; las primeras forman parte de la inmunidad innata) y los linfocitos T reguladores. Las células T, al detectar un antígeno, reaccionan liberando distintas sustancias. Pero, ¿cómo saben si tienen que hacerlo y cuáles de ellas han de liberar? Pues el sistema es similar al que utilizan en el Muro: con toques de cuerno.

Un toque, regresan los exploradores. En nuestro símil, los exploradores son células especializadas en procesar antígenos, las llamadas células presentadoras de antígenos (abreviado APC; si me dejaran a mí poner los nombres, la inmunología sería mucho más épica, que lo sepáis). APCs hay muchas: macrófagos, células dendríticas, microglía, astrocitos e incluso células B. Pero todas ellas son reconocidas por los linfocitos T. El reconocimiento se hace vía proteínas de membrana. ¿Habéis oído hablar del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC)? Son proteínas que, simplificando mucho, constituyen los estandartes que identifican como propio o ajeno un elemento dentro del organismo. Este sería el primer toque de cuerno.

Una proteína cualquiera es procesada por la APC y esta utilizará moléculas del MHC, tanto tipo I como tipo II, para exponerla en su membrana. Los linfocitos T reconocerán el complejo antígeno-MHC. Es entonces cuando hay un segundo toque de cuerno o no.

Tormund Matagigantes, comandando sus salvajes, invasores
del Muro. Fuente.
Dos toques, vienen los salvajes. Se ha reconocido el complejo antígeno-MHC. Y es extraño, no es propio. Entonces comienza la actividad dentro del Muro: los soldados se aprestan al combate y preparan los pertrechos. Se dice entonces que la célula T está activada y es reactiva frente a un antígeno concreto. En ella, se producirán cambios moleculares que conducirán a la supresión del antígeno. Si el antígeno es propio, la célula no se activará.

Una vez se han escuchado los dos toques de cuerno, la célula T comenzará a dividirse. De esta división se originan células T que ya son activas frente a un antígeno concreto y que no necesitarán el segundo toque de cuerno para saber si son salvajes o no los que vienen. Una vez has visto a Mance Raider o a Casaca de Matraca, no tienes que esperar para saber si son salvajes o no: lo son. Y el Muro reacciona y ataca al primer toque de cuerno. Estos linfocitos T que son capaces de activarse con sólo el primer paso, son linfocitos T memoria. Y permiten una activación y un choque contra el antígeno mucho más rápido que en el primer encuentro.

Células B

De las células B ya hemos hablado antes. Son las células productoras de anticuerpos. Y hemos hablado mucho ya de anticuerpos. Son nuestras verdaderas fuerzas de asalto.

Las células B se originan en la médula ósea en los mamíferos y en la bolsa de Fabrizio en las aves, un órgano que tienen cuando son jóvenes y que luego se atrofia (y esos linfocitos se llaman B por la bolsa de Fabrizio, no por la médula ósea -bone marrow, en inglés-). Desde allí, por vía sanguínea, acaban alojadas en el bazo y en los ganglios linfáticos, donde esperarán a ser activadas. ¿Cómo es posible activar estas células? Pues existen dos vías. Una, dependiente de células T y otra independiente de células T.

Jeor Mormont entrega a Jon Nieve a Garra, armándolo de forma
definitiva. Alegoría de la activación de una célula B. Fuente.
Las células B son los mayordomos del Muro: asisten a los oficiales, estudian con ellos y, sobre todo, aprenden de ellos. ¿Recordáis lo que hizo Jeor Mormont con Jon Nieve? Pues algo así es lo que ocurre con las células B. Estas se mantienen en los órganos linfoides secundarios, quietecitas, esperando. Y mientras tanto, van viendo lo que pasa a su alrededor, con los ojos (bueno, las moléculas) bien abiertos. Y lo que pasa a su alrededor en estos órganos es, sobre todo, linfa. La linfa es un líquido derivado del fluido intercelular, de composición muy similar al plasma sanguíneo y que está cargado de todo lo que las células procesan durante su actividad, incluidos los antígenos. Estos son los libros de texto de los que tendrán que estudiar los linfocitos B.

Bien, ya hemos surtido a nuestros mayordomos con sus libros de texto. Es hora de que se pongan a estudiar. Durante este estudio, las células B procesarán dichos textos, digiriéndolos. La metáfora nos vendría al pelo, pero en este caso la digestión es literal. Finalmente, la célula B se quedará con un trozo de un antígeno y lo presentará en su superficie, es decir, lo unirá a una proteína especial de la membrana, exponiéndolo al exterior celular.

Comienza la batalla


Ya no hay escapatoria. Vienen los invasores. Se han dado los dos toques de cuerno. Y los mayordomos tienen ante sí un montón de libros y de órdenes y de información a la que responder, organizar y clasificar. Es la hora de responder y no hay que perder la coordinación. Si unos atacan en un sentido y otros dan las órdenes contrarias, la infección no podrá ser detenida. Pero para eso tenemos un sistema inmunitario, claro.

Encabezando el ataque encontramos verdaderos oficiales. Son los linfocitos TH. Cuando éstos encuentren el antígeno frente al que responden van a empezar a dar órdenes moleculares en forma de citoquinas. Las citoquinas son proteínas pequeñas de formas muy distintas y de tipos muy distintos. Dentro de las citoquinas encontramos linfoquinas, factores de necrosis tumoral, interleuquinas y quimioquinas. Todas ellas regulan la actividad del sistema inmunitario de una u otra forma. Son capaces de activar las células efectoras dirigiendo todo aquello que ha de atacar hacia lo que ha de ser atacado en la forma que debe ser atacado. Si lo decís tres veces sin ahogaros, podéis optar al máster en inmunología.

Las citoquinas van a actuar de distintas maneras dependiendo del tipo que sean y de la célula que las reciba, pero las acciones generales de las mismas se pueden resumir en dos: reclutamiento y proliferación. Las citoquinas, liberadas en un lugar concreto van a provocar el reclutamiento de distintos tipos celulares hacia ese lugar. De esta manera, se tiene siempre el máximo número de células efectoras (recordad, estamos hablando de sustancias que producen unas células que se llaman cooperadoras) en el lugar en el que se necesitan. Así, tendremos células fagocitarias dispuestas a eliminar cualquier cosa que puedan comerse, células citotóxicas (recordad, ésas son los linfocitos Tc)... y células B.

Así, cuando las células TH dan la orden, los sufridos cuervos del Muro comienzan a atacar. Las células B han mostrado a las células TH quién ataca. Y las células TH han llamado a las armas a todo aquel que pueda atacar de forma rápida. Mientras tanto, se preparan las fuerzas especiales.

Cada linfocito B ha presentado a un linfocito TH un antígeno procesado concreto. Y el linfocito TH ha respondido a dicha presentación de antígeno de dos formas distintas: sin activar a la célula B o activándola. Si un linfocito TH encuentra una célula B que le presenta un antígeno y no lo activa es posible que sea por dos cosas: porque el linfocito TH no reconoce el antígeno o bien porque le ha dado una señal que se denomina anergia. Un linfocito B anérgico quedará inactivo para siempre y acabará por ser eliminado. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el antígeno presentado pueda confundirse con algún antígeno propio, evitando los ataques autoinmunes.

Pero, ¿qué ocurre si un linfocito TH reconoce el antígeno que le presenta la célula B? Pues comienza un proceso que convertirá a la célula B en un soldado entrenado y especializado en ése único antígeno y en una única forma de detectarlo y eliminarlo. ¿Sabéis ya de lo que hablo? Pues os lo recuerdo yo: esa célula B se convertirá en una célula plasmática. ¿Esto qué quiere decir? Pues que el linfocito B, lampiño y novato, se convierte en un maestro forjador.

Con todo este cóctel, el sistema inmunitario es capaz de eliminar cualquier invasor que se presente en el organismo con ganas de reproducirse a nuestra costa. El problema es que todo este proceso lleva un tiempo bastante dilatado: procesado de antígenos, presentación a timocitos inespecíficos, especialización a linfocitos TH frente al antígeno, reclutamiento y proliferación de células efectoras, interacción con linfocitos B, selección clonal, hipermutación somática, recombinación V(D)J, cambio de clase, transformación en células plasmáticas y síntesis de anticuerpos. Todo esto ocurre, además, después de que el agente invasor haya podido producir suficiente cantidad de sí mismo como para que el sistema inmunitario pueda verlo.

Ser Alliser Thorne, el duro instructor
de combate del Castillo Negro. Fuente.
Durante el tiempo que puede llegar a abarcar tooooodo el proceso que enumero arriba, el daño que un patógeno puede provocar es enorme. En algunos casos hasta mortal. Sin embargo, tenemos la clave hace dos párrafos. ¿Os habéis dado cuenta? ¿No? Volvedlo a leer. Una vez más. ¿Aún no os habéis dado cuenta? Bien: la clave está en el reconocimiento del linfocito TH. Un antígeno nuevo supone la síntesis de una molécula especial, el receptor de células T o TCR. Cada TCR es específico de un antígeno y sólo responderá a ese antígeno. Sólo a ése.

Cualquiera se habría dado ya cuenta. Y seguro que tú también. Si para atacar a un patógeno la clave está en tener una población de linfocitos TH que reconozcan los antígenos de dicho patógeno, ¿se os ocurre alguna forma de conseguir muchas poblaciones distintas de linfocitos TH que puedan reconocer muchos antígenos distintos?

A mí sí: poniéndoles instructores de combate, maestros de armas. Y de eso hablaremos el próximo día.

viernes, 3 de marzo de 2017

Las ciencias de la computación, discriminadas por la AVAP

En primer lugar, tengo que pediros disculpas. Llevo tiempo sin actualizar el blog y tengo que volver. No desesperéis, no tardaré en escribir algo chulo.

De momento, vuelvo a prestar el blog a un compañero para que ponga en blanco sobre negro algo que le está causando problemas de índole personal y laboral. ¿Os acordáis de la historia de trabas que os conté hace unos meses? Pues esta persona sigue sufriendo los desmanes de un mundo hiperburocratizado que está lleno de contradicciones absurdas como las que nos cuenta hoy:

Realmente estoy muy cansado. Como científico que soy y siempre, desde que tengo memoria, he querido ser, estoy muy cansado. Llevo 20 años dedicando muchas horas de mi vida, tanto profesional como familiar, a investigar para intentar hacer el mundo un poquito mejor. Pero es que este juego de la investigación no es limpio. Cuando empecé habían unas reglas y a medida que yo intentaba avanzar en mi carrera investigadora estas reglas cambiaban, por supuesto, con carácter retroactivo. Así, alcanzar un puesto mínimamente estable se ha convertido en una proeza, más cuando gran parte de los méritos de mi currículum que en su tiempo me pedían, hoy ya no valen ni para limpiarse el culo con ellos.

No contentos con esto, la burocratización de las universidades se ha vuelto asfixiante a la par que absurda, exigiendo cada vez más formularios que nadie lee o que te acredites si no quieres cada vez optar a poder hacer menos cosas. ¿Y qué es una acreditación? Pues es que un comité, supuestamente de expertos, evalúe tu curriculum como investigador y te encuentren apto para ser ayudante o contratado doctor, titular o que te digan si tu investigación en un periodo de seis años (sexenio) ha valido la pena o no. En esto último, la Generalitat Valenciana es más papista que el Papa, exigiendo este sexenio para pedir algunos puestos de trabajo o algunos proyectos de investigación pero como hay ciertas figuras universitarias que no tienen opción de pedirlos, porque no son personal fijo de la universidad, han tenido que montar una Agència Valenciana d’Avaluació y Prospectiva (AVAP) para acreditar a estos pobres individuos que son becarios e investigadores temporales y así realizar un gasto inútil de personal y recursos, pues esta acreditación, después, al nivel nacional no sirve de nada ya que no la reconoce la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación y tendrás que repetir el papeleo, por supuesto en otro formato, una vez que adquieras ese ansiado puesto estable.

Aparte del aumento burocrático que esto conlleva, el principal problema del AVAP es que nació con muy pocos recursos y financiación. Así, para acreditar tu sexenio sólo tienen un periodo al año, siempre coincidiendo con el periodo vacacional de Navidad, para que pases unas agradables fiestas en familia rellenando y recopilando papeles (y no pocos, la última vez acumulé cerca de 500 páginas). Pero además de sólo haber una convocatoria para solicitar sexenios, uno de los principales problemas es que los revisores se retrasan cada vez más, siendo normal que la resolución del sexenio te llegue en septiembre, noviembre, o como ha ocurrido este año, en diciembre. En mi caso salió negativa debido a este argumento que cito textualmente (incluyendo las faltas de ortografía):
Las otras tres aportaciones de su curriculum breve son de poca relevancia científica al tratarse de registros de propiedad intelectual de programas de ordenador en explotación, no de patentes nacionales ó internacionales
En mi supina ignorancia pensé que el Director General de la AVAP y firmante de dicha resolución, desconocía la Ley 11/1986 de 20 de marzo de Patentes, Título II Patentabilidad, artículo 4, que indica que un programa informático no es patentable como claramente expone el apartado 2.c) de dicha ley:
c) Los planes, reglas y métodos para el ejercicio de actividades intelectuales, para juegos o para actividades económico-comerciales, así como los programas de ordenadores.
Esto pone en clara desventaja a los ingenieros informáticos y doctores en informática con respecto a otras ingenierías y ciencias que pueden transferir sus resultados de investigación mediante convenios de transferencias de dichas patentes a las empresas gracias a que dichos resultados son patentables. Para solucionar esta desigualdad la ANECA contempla, en el criterio de evaluación específico, en igualdad de condiciones una patente con un registro de software (apartado 2.b del Campo 0 Transferencia del Conocimiento e Innovación):
b. Las patentes u otras formas de protección de la propiedad industrial o intelectual (registro de variedades vegetales, modelos de utilidad, programas de ordenador, etc.) en explotación, demostrada mediante contrato de compraventa o contrato de licencia, y las patentes concedidas por la Oficina Española de Patentes y Marcas mediante el sistema de examen previo. [...]
Reglas de la ANECA en las que se basa la convocatoria para acreditar el sexenio por la AVAP, según bases de la propia convocatoria

Así pues, como iba diciendo, en mi supina ignorancia pensaba que este señor desconocía esta norma y que corregiría este lamentable agravio simplemente haciéndole notar este hecho pues siendo catedrático y teniendo un puesto de altísima repercusión en la vida de los demás, sería un profesional al nivel de sus responsabilidades, al fin de cuentas todo el mundo se puede equivocar y es de sabios rectificar. No podía estar más equivocado en todo y mi recurso de alzada en el que me centré en explicarle este hecho fue rechazado insistiendo exactamente en el mismo argumento:
Sobre las contribuciones 3, 4 y 5 que son registros de software en los que el solicitante es coautor de los mismos, se siguen considerando de relevancia baja. [...] Hay unos contratos firmados con empresas para cada una de las contribuciones, por los que los autores han obtenido unos emolumentos pero que no constituyen un indicio de calidad contrastada de una investigación. Por lo tanto, la calificación con relevancia baja se considera ajustada a la realidad de los hechos.
Sin valorar ni explicarme por qué mi argumentación no era válida y por qué, algo que acepta la ANECA bajo los mismos criterios (a compañeros míos le han aceptado méritos similares), la AVAP no las acepta. Esta dejación de funciones del Director de la AVAP, que se ve contrastada con su afirmación que siempre soy coautor cuando o bien soy el autor principal o único que demuestra que no se ha leído mis alegaciones, me obliga a esperar de nuevo hasta diciembre de este año a solicitar otra vez el sexenio y esperar otro año más a que me contesten porque considera que varias empresas, entre ellas una multinacional, ha pagado por el resultado de una investigación irrelevante. Para este catedrático es más relevante científicamente, pagar el coste de una patente aunque estas puedan ser totalmente inútiles.

Ahora tengo que esperar hasta el 2019 cuando ya he esperado 2 años para ver si, con suerte, no me toca un evaluador cerril y me aprueban el sexenio.

Pero esta resolución crea un peligroso precedente para todo aquel que quiera dedicarse a la investigación en informática. Construir un producto final a partir de unas investigaciones previas para que sea explotado por una empresa no es una tarea nada fácil ni sencilla. Requiere mucho esfuerzo en optimizar y reestructurar los programas que hemos hecho durante el periodo de investigación pues éstos se han realizado lo más rápidamente posible sin tener en cuenta muchos criterios de ingeniería de software porque lo que buscamos es la evaluación de la idea y no el propio programa. Así que, pese a la palabrería vacía de los políticos de que es muy importante que los resultados de investigación lleguen a la gente a través de la innovación, si estás investigando en el área de la informática deberás ignorar estas afirmaciones, para ti lo importante es publicar, da igual que hayas creado un sistema con el que has demostrado científicamente su potencial para salvar vidas, eso no te valdrá curricularmente por lo menos para el Director de la AVAP. Pero no te desanimes, siempre puedes pensar que compañeros de tu misma universidad, de otras ingenierías por supuesto, sí que podrán hacer lo que a ti se te ha vetado.

Por eso he empezado este artículo con mi hastío y cansancio. No sé si será el bajón de la reciente mala noticia o esto ya ha sido la enésima zancadilla injusta que ha colmado mi vaso pues en estos momentos me planteo muchas cosas. Nunca me ha importado trabajar duro, los que están a mi alrededor lo saben muy bien, sacrificando fines de semana, vacaciones y tiempo con ellos, pero si hay algo que no soporto en absoluto son las injusticias, hacia mí y hacia los demás. Y este cambio de reglas constante, esta burocratización, esta estulticia en la que por mucho que te esfuerces, por muy bueno que seas, no te dejan avanzar me está superando en gran medida. Si me fuera lo sentiría por mis compañeros, por mis doctorandos a los que estoy dirigiendo la tesis, y por los proyectos de investigación en los que creo y de los que estoy muy seguro que ayudarían a muchas personas desesperadas. Pero me niego a ser uno más de los que publican sus investigaciones constantemente en revistas de alto impacto para que éstas publicaciones y su investigación asociada acaben en un cajón de un despacho. Yo me he hecho científico para cambiar el mundo a mejor, no para medrar en mi trabajo y complacerme en un puesto de funcionario aunque un catedrático intente que lo haga.

lunes, 31 de octubre de 2016

Autofagia (II): ¡Huelga, huelga!

En el artículo anterior os contaba cómo la célula utiliza la autofagia para redecorar su interior, reorganizar sus orgánulos y deshacerse de todo aquello que le sobra, le estorba o le perjudica de alguna manera, como en uno de esos famosos programas de los canales de la TDT que se dedican a destruir tu casa por dentro para levantar una nueva en la que puedas vivir (y tener más espacio de almacenamiento, que, por alguna razón, es importantísimo tener siempre más). Pues hoy, continuando con la autofagia, vamos a ver cuál es el papel de este proceso en el desarrollo y progresión de la enfermedad, cuando el mecanismo, que pretende contribuir a la supervivencia y el buen funcionamiento, se convierte en una pesadilla de la que no se puede escapar.

lunes, 24 de octubre de 2016

Autofagia (I): la reforma fisiológica de las células

Yoshinori Ohsumi, galardonado
con el Nobel de Medicina en 2016.
Fuente.
Hace apenas tres semanas conocíamos el premio Nobel de Medicina de 2016. A pesar de que todos deseábamos que se lo dieran a Francis Mojica, investigador de la Universidad de Alicante y descubridor de CRISPR/Cas9, el galardón fue a parar al japonés Yoshinori Ohsumi, por su trabajo en los mecanismos de autofagia.

Sí, seguro que dicho así suena a insulto, no os lo voy a negar. Así que para que no llaméis a nadie autófago por la calle (o sí, a saber...), voy a ver si puedo explicar de forma clara lo que es este mecanismo, que tiene una importancia primordial en la vida celular, no sólo en situaciones patológicas, sino también en la fisiología normal del organismo.

lunes, 17 de octubre de 2016

La nueva generación

Hace unas semanas recibíamos, entre el escepticismo y la alegría, la nueva temporada de Órbita Laika. Nuevos colaboradores, nuevo formato, nuevo presentador... había muchas cosas nuevas. Yo me encontraba entre los que querían darle una oportunidad al programa. Iba a echar mucho de menos a los colaboradores antiguos, algunos de los cuales he tenido la suerte de conocer en persona y a los que aprecio profundamente. Pero al ser uno de los pocos programas de divulgación científica que tenemos en la televisión, he querido verlo y darle alguna oportunidad.

Desgraciadamente, el crédito que le había dado al programa, lo han quemado casi por completo en un par de emisiones. ¿Por qué? Bueno, pues voy a contároslo, porque yo también lo valgo.

lunes, 10 de octubre de 2016

Experimentación animal: unos números

Ratón de laboratorio sobre su jaula. Fuente.
Hace cosa de unas semanas, saltó a la palestra la noticia de que los científicos españoles, a través de las instituciones en las que trabajan, habían suscrito un acuerdo de transparencia en lo tocante a experimentar con animales. Sí, claro que sí, salieron los de siempre a decir bobadas, como que si la experimentación no era necesaria, como que no servía para nada, blablablá... Vamos, lo que ya hemos comentado otras veces y con lo que empecé mi andadura en este blog, así que no es hora de repetirlo, creo, aunque saldrán cosas que ya hemos comentado, seguro.

Con este artículo lo que quiero poner en negro sobre blanco son los números, a ver si así empezamos a asumir que no sale nada caro investigar con animales dados los beneficios que suele traer. Vamos a verlo.