martes, 26 de mayo de 2015

Aprender a distinguir

Argumento inválido
El otro día, en una discusión por Facebook sobre el tema de los transgénicos, me di cuenta de que hay muchísima gente que confunde las cosas. Mucha gente, entre ellos el que suscribe, se ha matado y dejado la piel para dejar claro qué son los transgénicos, cómo funcionan y de qué manera se utilizan. Sin embargo, las posiciones de los detractores se enrocan y sólo quieren oír hablar de una cosa: Monsanto. Todo lo demás da exactamente igual. Así, sólo quieren hablar de prácticas, de aspectos sociales, de agricultores oprimidos y suicidios, de sentencias judiciales... pero ni hablar de la técnica, del producto y de los estudios que apoyan y evidencian la idea de que, efectivamente, los transgénicos son seguros.

En principio no iba a escribir sobre este tema, porque ya lo han hecho otros antes que yo y de mucho mejor manera. Pero después de un cruce de mensajes por la red social Twitter con Guillermo Peris, me di cuenta de que, a pesar del pedazo de post que se marcó el blog Ciencias y cosas y de todas las explicaciones que da, las cosas siguen sin estar nada claras. Quizá, precisamente, por la enorme cantidad de cosas que explica y que, dada la capacidad de compresión de algunos antitransgénicos, puede ser demasiado sin que les explote el hipocampo. Los datos están ahí, no vamos a ahondar en ellos, si acaso enlazar alguno como más interesante. Lo que me interesa a mí es llamar la atención sobre el fallo principal de su argumentación. Porque fallos tienen muchos, pero el principal es el siguiente:

Los transgénicos son las empresas que los producen.

Podría señalar que el silogismo es falso, quedarme tan ancho y vía. Pero como no estamos aquí para eso, hay que ir poco a poco. Comenzando por explicar qué es un transgénico. Ya, ya sé que muchos lo han explicado antes que yo, de muchas maneras, más fáciles, más difíciles. Pero igual hace falta algo más de contundencia. Que no digo que nadie lo haya hecho, pero igual hace falta más. Así que allá voy. ¿Preparados? Venga:

Un transgénico es un ser vivo al que se le han añadido uno o varios genes que son propios de otro ser vivo.

¿Veis que fácil? Sí, se le pueden añadir un mogollón de cosas para explicarlo mejor, limitarlo, mejorarlo, determinarlo y concretarlo. Sin ninguna duda. Pero cuantas más cosas le añadamos, es posible que más liemos al lector. Y si encima tenemos a un lector predispuesto a creerse cualquier memez, perderá el interés en la explicación, su neurona se perderá en la primera coma y cualquier cambio que hayamos podido conseguir en su retorcido proceso mental se habrá diluido en dicho proceso, con lo que lo único que obtendremos será, una vez más, el mismo resultado: transgénicos = Monsanto. 

Así que vamos a quedarnos con la explicación sencilla que doy más arriba y no nos perdamos en discusiones estériles que no van a cambiar lo que es un transgénico en esencia. Dicho esto, leyendo la definición de lo que es un transgénico, ¿podría alguien, que sepa leer mejor que yo, claro, decirme en qué parte pone que los transgénicos sean empresas, sean Monsanto o den cáncer? Seguramente, y aunque no seáis mejores lectores que yo, no lo encontraréis. Pero no, no os asustéis, eso no quiere decir que seáis bobos o no sepáis leer. Todo lo contrario. Básicamente, porque los transgénicos no son Monsanto, no son cualquier otra empresa y tampoco dan cáncer.

Si alguien piensa en refutar la última aseveración con una frase que incluya "Seralini" en ella, que se dé un puntito en la boca. Que ya va siendo hora de que aprendáis que lo que hizo Seralini fue cometer un fraude, no advertir nada. Y no, su republicación no solucionó ninguno de los problemas cuestionados. Visto esto, vamos además a añadir que el análisis exhaustivo de la literatura científica, disponible de forma pública y recopilada desde el año 1983 hasta el año 2011 (28 años), que reúne hasta un total de cien mil millones de individuos en el análisis completo, encuentra que el consumo de pienso y productos transgénicos por parte de las especies ganaderas no produce ningún tipo de problema ni alimentario ni de salud. Incluso la durísima Unión Europea, que tan contraria ha sido al cultivo de transgénicos, tiene en su poder un informe que deja bien claro que sus temores son infundados. Así pues, ¿me enseñáis esos estudios en los que demostráis que el uso de transgénicos y su consumo producen cáncer? O cualquier otro problema de salud, como autismo, Alzheimer o cualquier otro problema grave de salud que podáis inventaros para mantener vuestra religión del miedo, vaya... 

No os preocupéis, no os haré pasar por ese trance. Ya sé que no existen, así que no vais a poder dármelos. Y no, los artículos publicados por blogs conspiranoicos y periódicos ridículos (y entra cualquiera que ejerza el periodismo gilipollas) no me valen como fuentes. Es más, tampoco me valen las sentencias chorras. Un ejemplo es la sentencia de la Unión Europea por contaminación de una miel con polen del maíz MON810. Esto, evidentemente, es la nota de prensa de un medio, pero si lo que dice la sentencia es lo que ponen ahí, a mí me gustaría saber cómo saben que la miel se ha contaminado con polen del maíz transgénico en cuestión. Si alguien lo sabe, por favor, que me lo explique.

También alguno podría esgrimir el rollo de que los transgénicos producen daño al medio ambiente. Afortunadamente, el profesor Nicolia ya respondió a este asunto en su metaanálisis, en el que reunió la evidencia mostrada por 1783 estudios públicos. Por supuesto, podría detenerme en desgranar este estudio también, pero como también lo han hecho por mí, baste con decir que el análisis ya demuestra que tal riesgo no existe y que es otro invento para fomentar el rechazo a una tecnología nueva.

¿Es esto todo lo que tienen en contra los transgénicos? Posiblemente sean las únicas razones que podríamos considerar válidas en la argumentación contra su uso. Porque, realmente, son las únicas que se pueden sostener mediante algún tipo de prueba que les reste validez a la utilización como transgénicos. Sin embargo, y dado que todas las pruebas indican que los problemas expuestos por los detractores de los transgénicos son falsos y se han demostrado falsos, hay que inventarse algún clavo ardiendo ridículo al que agarrarse y seguir rechazando una tecnología que les da cosas tan banales y tan poco cotidianas como los billetes de euro. O la insulina para los diabéticos. 

Que digo que sin billetes de euro podemos vivir, pero a un diabético lo de quitarle la insulina no le va a sentar demasiado bien.

Entre esos clavos ardiendo se encuentran, como decíamos antes, el agarrarse a Monsanto, que debe ser el mal en bote. Se les ha acusado de usurpar la soberanía alimentaria de los países, de provocar suicidios, de esclavizar la producción agraria, de provocar suicidios a agricultores y de obligarlos a plantar transgénicos. Eso sí, hasta ahora, como se muestra en el enlace, ninguno de ellos ha conseguido demostrar que Monsanto (ni, dicho sea de paso, ninguna otra empresa que los produzca) ha cometido los horribles crímenes que ellos dicen que ha cometido. Ninguna. 

Sin embargo, Monsanto es una especie de demonio contra el que es lícito ir. Me refiero a que es una empresa y las empresas, desde la base, son malvadas. Y sus prácticas, por lo tanto, son reprobables, deleznables, antiéticas... Pero resulta que pagan para taparlas y nadie, salvo ecolojetas y conspiranoicos, lo sabe. Salvando la falsedad de argumento, y remarcando que en las prácticas de Monsanto me la traen floja, me gustaría que me explicaran cómo es posible que una empresa como Monsanto haya conseguido, mediante conspiraciones, sobornos, pagos a científicos y demás, tapar todas esas malas prácticas que nos pondrían a todos inmediatamente en su contra cuando ni siquiera las grandes petroleras han conseguido acallar las evidencias del cambio climático, tal como expresan en esta página.

Es más, vamos a señalar que, ni aunque Monsanto la hubiera fundado Hitler y hubiera matado a Juan Pablo I y al Dalai Lama en la misma semana, los transgénicos tendrían algún problema. ¿Por qué? Volvamos a la definición que hemos puesto anteriormente. Os la pego para que no tengáis que hacer scroll hacia arriba, que sé que a algunos, que no queráis entender esto, os costará:

Un transgénico es un ser vivo al que se le ha añadido uno o varios genes que son propios de otro ser vivo.

Y vuelvo a repetir la pregunta. ¿Son Monsanto los transgénicos? Es más, ¿son Bayer Crop Science, Syngenta, BASF... los transgénicos? No, no me vengáis con chorradas y mierdas. Leeos la puñetera definición. ¿Son las empresas o incluso los organismos públicos que los producen los transgénicos? No. ¿Verdad que no? Entonces, ¿por qué insistís en que los transgénicos son satánicos, malvados y roncan porque Monsanto/Syngenta/BASF? Podéis creerlo si queréis, pero no engañéis a nadie con vuestro pseudoargumento. Y, por supuesto, no insultéis a la inteligencia de nadie intentando colarlo.

Voy a ir más allá porque vosotros vais más allá. Monsanto pudo haber inventado el agente naranja, el gas mostaza o el palo de selfies, pero que lo haya hecho, no significa que los transgénicos sean nocivos, causen cáncer o vayan a extinguir ninguna especie autóctona. Tampoco significa que los transgénicos que comercializan, por mucho que curen el Alzheimer, el cáncer o las almorranas borren el mal que hayan hecho antes, ojo. Lo que quiero decir con esto es que lo que haya hecho una empresa o esté haciendo o vaya a hacer no significa que sus productos sean el hijo del anticristo y haya que odiarlos como si fueran ese vecino que deja caer una dosis de metano intracorporal cuando subís juntos en el ascensor. No. Vamos a empezar a considerar las cosas por lo que son.

Monsanto puede ser el mal. No lo niego. Monsanto puede haber hundido la Atlántida si queréis. Pero eso no les resta validez ni utilidad a los transgénicos. Ni mucho menos. Ni al tomate púrpura contra el cáncer, ni al trigo apto para celiacos, ni al arroz dorado, ni a las naranjas con β-caroteno. Ni mucho menos. A ver si distinguimos las cosas de una puñetera vez: Monsanto es una empresa; los transgénicos son seres vivos. Si somos capaces de distinguir los productos ecológicos (je) de Whole Foods o el café de Starbucks, ¿por qué nos cuesta tanto distinguir los transgénicos de Monsanto? ¿Es que Monsanto no tiene otros productos? Pues mira por dónde, también vende semillas ecológicas. Y Greenpeace hasta las vendía. Ahora ya no, claro. Se ve que ponerles en evidencia no les ha sentado nada bien.

Cuando se dice "todos los rojos comen niños", en seguida hay quien salta a decir "eh, a ver si distinguimos". Cuando alguien comenta "en los partidos de izquierdas no hay más que magufos", salen muchos que no lo son. Cuando alguien menciona que "todos los funcionarios son vagos", siempre hay quien dice que no todos lo son. "A ver si distinguimos", se suele decir. Y eso, exactamente eso, es lo que yo digo con este tema: a ver si distinguimos. A ver si distinguimos entre la empresa y los transgénicos. A ver si distinguimos entre prácticas abusivas y tecnología. A ver si distinguimos. Porque a las empresas, como todos sabemos, lo único que les interesa es ganar dinero y algunas utilizarán métodos más éticos y otras menos, pero ya sabemos cuál es su meta. A los transgénicos no. 

Hay quien esgrime el maluso de las tecnologías para ilustrar la maldad que esconden los transgénicos. Es bastante habitual el mencionar el uso bélico de diversas tecnologías para intentar darle una pátina negativa a dichos transgénicos. Sin embargo, hay que tener muy claro que, hasta la fecha, ningún transgénico se ha utilizado con el objetivo de dañar o matar a nadie, al contrario que otras muchas tecnologías. Hasta ahora, los transgénicos se han utilizado para beneficio humano y se están desarrollando en ese sentido: cultivos resistentes a sequías, inundaciones, plagas o pesticidas (como el famoso maíz BT); alimentos modificados para beneficiar a los consumidores de los mismos (como el tomate contra el cáncer, el arroz dorado o la naranja que mencionábamos antes); organismos para producir medicinas (como la insulina para los transgénicos, el suero contra el ébola o anticuerpos frente al VIH); y todos los especímenes, tanto procariotas como eucariotas, tanto unicelulares como pluricelulares que se utilizan a diario en experimentación, como ciertas líneas celulares y cepas de roedores. ¿Podéis mencionar algún caso de maluso de la tecnología transgénica, tal como se hizo, por ejemplo, con la energía nuclear al crear la bomba atómica? Aquí lo espero.

Así que, si hay algún problema, algún hipotético problema, es que una empresa saque rédito de una tecnología tan beneficiosa y con tantísimo potencial: cultivos con más producción, menor uso de pesticidas, mayor resistencia a sequías, producción de principios activos para medicamentos... El potencial a explotar es tan enorme que cualquier empresa que desarrolle un transgénico con un beneficio antes que otra, le pisará el terreno y le comerá el nicho de negocio durante el tiempo que dure la patente. Y el rendimiento económico que dicha empresa generará con este organismo transgénico será tanto mayor cuanto mayor sea el beneficio que arroje. ¿Os imagináis una empresa que patente una patata que produzca un fármaco eficaz contra el Alzheimer?

Pero incluso aunque las empresas abusaran de su posición dominante en el mercado de los transgénicos, los estados pueden imponer regulaciones frente a esas prácticas abusivas. Es fácil: si tal y como los antitransgénicos vocean, Monsanto no permite a los agricultores volver a sembrar semillas transgénicas si no se las compran, es tan fácil como imponer una norma que permita al agricultor sacar su propia simiente de entre su cosecha. Se pueden establecer distancias mínimas entre los cultivos convencionales y los transgénicos para evitar contaminaciones (si es que existiera alguna, que ya hemos visto que es altamente improbable). Las posibilidades son tan numerosas como las de los propios transgénicos. Pero eso incluye pensar, y ya sabemos que a estos terroristas, no se les da nada bien. Si el problema son los beneficios que obtienen las empresas, la solución es bien sencilla: limitar la investigación privada sobre el tema y promocionar, primar y potenciar la investigación pública en el tema. Así evitaríamos otro caso como el del trigo apto para celíacos, que ha habido que vender a una empresa que, en lugar de abaratar los costes de los productos sin gluten, lo multiplicará, puesto que habrá que importar la harina y no producirla aquí. 

Porque mucho llenarse la boca con la agricultura sostenible y ecológica, pero luego obligan a obtener productos que podrían beneficiar al conjunto de la sociedad con un gasto mucho mayor al coste que supondría tenerlos in situ.

Tienen muy claro que, si lo permitieran, el chollo se les acabaría. Porque subirse al carro del negocio del miedo es muy sencillo. Pero buscar un carretero honesto, ya no tanto.

5 comentarios :

  1. Algunos argumentos tienen el mismo tono que los comentarios de los conspiroparanoicos... no soy experto en biología, pero tus "dudas" insinuando falsedad cuando dices "me gustaría saber cómo saben que la miel se ha contaminado con polen del maíz transgénico en cuestión" me parecen muy poco razonables cuando hablamos de tecnologías que son capaces de realizar injertos en el DNA, y estoy seguro que restos de polen deben quedar después de ser digerido por las abejas (al menos quedan restos de sustancias tan volátiles como los aromas de las flores aromáticas).
    En cuanto al problema con los transgénicos, yo el que conozco es el de limitar la biodiversidad; la selección artificial usada hasta ahora es más local y menos globalizada, entre otras cosas debido a que no es tan perfecta (y también al hecho de no estar tan centralizada en monopolios). No, no me digas que contamos con toda la biodiversidad del planeta, porque estamos en plena extinción masiva, y solo falta que también reduzcamos la biodiversidad de las especies "domesticadas".

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    1. Hola, C.S., bienvenido al blog.

      La pregunta es totalmente sincera. Verás, los métodos de melitopalinología, que es como se llama a la parte de la ciencia que se encarga de estudiar qué tipos de pólenes contiene la miel, se encarga de estudiar los granos de polen mediante identificación cuanti y cualitativa al microscopio óptico. Esto se hace de dos maneras: una, usando el polen corbicular, que es el que llevan las abejas pegado a las patas, y otra, usando el polen que va pegado a la miel.

      Ambos métodos tienen un problema obvio: al microscopio óptico, no se puede distinguir el polen de un maíz transgénico de uno que no lo es. Pero vamos a suponer que puedes aislar la suficiente cantidad de grano de polen como para hacer un análisis molecular de dichos granos de polen, digamos por PCR a tiempo real. De nuevo nos encontramos con un problema: el polen que va pegado a la miel puede ser de diversa procedencia, incluso aquel que no está incluido en la miel como tal, sino que ha llegado allí por vía anemócora y no se ha incorporado al producto final. Exactamente igual que si analizas el polen corbicular. ¿Resultado? No concluyente.

      Y, hasta ahora, no he encontrado más que propuestas de proyectos y vaguedades como "análisis posteriores", sin explicar métodos ni la cantidad de contaminación, si es que realmente la hubo. Cuando me muestres la forma en que se hizo, si es válida y si realmente hubo una contaminación, hablamos.

      Vamos al problema de la biodiversidad. Verás, cuando en el texto sale un fragmento resaltado en azulito, lo que incluyo es un link. Los links te los puedes saltar si quieres, pero sería interesante que también los leyeras, dado que muchas explicaciones se encuentran allí. Es el caso de tu querida biodiversidad. Si hubieras entrado en el link del estudio del profesor Nicolia, el que analiza los 1783 estudios sobre transgénicos, o incluso en el comentario que se hizo en el blog Ciencias y Cosas, dado que el estudio es para entendidos y no para profanos, te habrías dado cuenta de que el análisis del profesor Nicolia dice esto:

      – Los cultivos no genéticamente modificados en realidad tienden a reducir la biodiversidad en un grado superior.

      Leelo bien y digiérelo. Igual está redactado de forma un tanto compleja, a mí me costó entenderlo bien a la primera. Básicamente, lo que viene a decir, es que las variedades no transgénicas reducen mucho más la biodiversidad que las transgénicas. Curioso, ¿verdad? Pues no, es lógico: la biodiversidad se obtiene a partir del pool genético de las especies presentes en el ambiente. Liberar una variedad con un mayor pool genético, dado que tiene uno o varios genes más, sólo puede resultar en una mayor biodiversidad, puesto que el número de variaciones genéticas aumentará. Después, la selección natural escogerá aquella variedad que sea mejor. A mí también me gustaría haber convivido con tigres dientes de sable, pero la evolución es una perra cruel.

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    2. Tienes razón en señalar que la selección artificial no es tan perfecta. Y precisamente esta es otra razón para preferir el transgénico: con el transgénico sé exactamente qué genes y dónde los estoy incluyendo, conozco su efecto, evalúo sus consecuencias al milímetro... con la selección artificial "artesanal", no. Y esto sí puede tener consecuencias muy graves, pues se hace sin control y sin evaluación de riesgos. Las variedades transgénicas deben pasar unos rigurosísimos controles que no pasan las especies seleccionadas artificialmente. Y esto supone un riesgo mucho mayor.

      Además, es gracioso lo de la extinción masiva y lo de la biodiversidad de las especies domesticadas... porque es exactamente lo que hace cualquier agricultor desde que se inventó esto de sembrar plantitas: escoge la que da más grano, la de fruto más gordo, la de más resistencia... desechando todas las demás. La agricultura, en sí, acaba con toda la biodiversidad de las especies domesticadas, escogiendo una única variedad por encima de las demás; que también será desechada como a dicha variedad le salga una mutación que la mejore en algo. La historia de la agricultura es una historia de reducción de la biodiversidad.

      Te conviene, y mucho, leer Comer sin miedo, de J. M. Mulet. Muchísimo. Ahí te enterarás de muchas más cosas.

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  2. Un verdadero martillazo en mi esquema del mundo, con una causa anti-transgenicos tan bien delimitada contra el poderoso y maligno Monsanto, nuestras consignas bien aprendidas... era como Avatar... ¡Qué idiotas hemos sido!

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